3 de julio de 2007

Carnaza (común) de diván.

Tengo problemas para recordar cosas de cuando era chiquita, especialmente de los cinco años hacia atrás. Siempre supuse que tendría que ver con alguna especie de bloqueo emocional, debido a que justamente cuando tenía 5 años mis viejos se divorciaron; pero hace algunos días, revolviendo una caja llena de fotos viejas, descubrí que mi falta de memoria tiene raíces más complejas.
Además de más cabezona que ahora, en mis tiernas épocas de jardín de infantes, parece que era una especie de cero a la izquierda. En uno de esos tantos actos escolares de vaya uno a saber qué fecha patria, aparezco junto a otro grupo de loosers, todos vestidos con un conjunto de joggin de espantoso azul (estoy hablando de hace 20 años atrás… nada de pantalones bordaditos ni de color rosa: si tenías muuucha suerte (y guita) usabas los Adidas azules con las tres tiras blancas, cosa que yo no vi ni de cerca (ni los Adidas, ni la guita, ni la suerte). No solamente era horrendo el conjunto, sino que yo estaba en el papel de caballo, con un gorro de lana coronándome el marote del cual colgaban largas tiras de papel crépé de diversos colores a modo de crines. Lo triste del caso, es que en un costado de la foto, se ve una larga fila de compañeritas (con papis adinerados, claro está) vestidas con polleras de tul y volados, con alitas de hada, llenas de brillos y lentejuelas… y ahí nomás recordé que… ¡YO QUERÍA SER HADITA! Y no… solo llegué a ser un simple (y encima feo) caballo.
Al año siguiente, una casa de ropa para chicos organizó un desfile dentro del cole. Obviamente, me tocó desfilar. Nada de mallas, vestidos y capelinas con largos cabellos al viento, como todas las demás chicas… en la foto se me ve cruzando la pasarela con un gesto muy digno (a pesar de todo) y la manito izquierda con mucho glamour (también, a pesar de todo) en la cadera, con un short azul, una musculosa que no se qué hijo de puta metió dentro del short, y unas zapatillitas bastante varoniles. De yapa, alguien tuvo la genial idea de peinarme con una “colita” bien tirante de costado y a su vez trenzada… habrán notado en la foto que tengo el cabello lleno de rulos, y además, el cuero cabelludo sumamente sensible… así que lo único que retengo de ese momento al ver la foto, es el enorme dolor que sentí con cada pasada del peine y cada vuelta del elástico de la “colita”.
Siguiente acto: primer grado… mi seño Rosita (ya en ese entonces había empezado a desvariar) nos contó un cuentito sobre una especie de duende que… bueno, no viene al caso. La cosa es que lo llevamos a la actuación. La protagonista fue otra, el duende fue otro, otros palomas, soles, mariposas… ¿y yo? ¡Ah! Yo hice de rosa. Moño de papel crépé verde loro en la sabiola, tiras de papel crépé rojo alrededor del cuello a modo de pétalos (ya mencioné el estado mental de mi maestra) y bastaaante maquillaje cremoso medio vencido salido de la cartera de alguna otra maestra loca. En la foto se pueden apreciar con claridad el embole y enojo que tuve mientras duró la improvisada obrita.
Segundo grado: 25 de Mayo… mucho corcho quemado, una palangana con trapos y “Con agua y jabón lavamos la ropa del negro Simón”, enterraron para siempre mis sueños de ser dama antigua. Y fíjense que no dije “La hija de San Martín” o algo así… no… mi felicidad era que me pongan un vestido largo y peineta, y ser una dama antigua más. Bienvenida a la realidad nena: de negra lavandera no pasás.
Tercer grado: acto escolar. Canción del momento “El kiosco de la esquina” de “La ola está de fiesta”. ¿Adivinen quién NO fue Flavia Palmiero? No chiquita… conformate con ser una de las gilas que bailan detrás de ella… (Hoy en día puedo ver claramente que me hicieron un enorme favor, pero en aquella época, lisa y llanamente me amargaron la existencia).
Cuarto grado: creo que fue para el día del maestro. El personaje elegido fue “Su” Giménez. Programa “Hola Susana!”. ¿Hace falta que cuente que yo NO fui Susana? Siempre segundona… me tocó el papel de “Coneja” (esa pseudo-secretaria fiera y dientona –pero simpatiquísima- que realzó con su fealdad la belleza de la diva durante tantos años). Vestida con una ridícula pollerita de jean, y acompañando a otras tres pobres rechazadas, hicimos reír a un público tan variado como estúpido.
Quinto y sexto grado fueron dos años sabáticos, no hubo manera de que me hicieran participar de alguna obra (es más: creo que en sexto me obligaron a bailar el “Carnavalito” vestida de Coya. Sin palabras). Finalmente en séptimo, alguien me convenció de participar en una obrita en la que se tocaba el tema de las drogas, en el cual una adolescente era tentada a probar… acepté de buen grado, pensando en que iba a ser una buena manera de llegar a mis compañeros, un buen cierre de mi carrera actoral-escolar haciendo de “Mariana”, la chica protagonista que casi cae en las crueles garras de la droga… Mis 15 segundos de fama consistieron en aparecer normalmente vestida, poner un pie sobre una mesita ratona, tirar unos imposibles paquetes de medio kilo (cada uno) de cocaína/harina sobre la misma y decir “acá tenés lo tuyo” (o algo similar: repito que tengo un problemita interesante de falta de memoria/recuerdos)… ¿¿¿hay algo más bajo que ser la dealer de la obra??? (Los paquetes demostraban no sólo nuestra ignorancia en el tema, sino también el de las maestras: ¿quién empieza a drogarse aspirando una línea de medio kilo de merca? Si le hubiera vendido un porrito, bueno, capaz que tenía un poco mas de color, de realismo… ¿no?)
De ahí en más, no hubo nadie capaz de convencerme de participar en un acto. Ni siquiera de leer un texto. La voz en off de alguna obra. Nada. Ni siquiera ahora, ya de ¿adulta? las maestras de mi hijo cuentan con mi intervención en los actos de su escuela.
Nunca logré superar que no fui hadita… ni mariposa… y mi carrera cayó en picada junto con mi ánimo cuando me convertí en una especie de narco-actriz.

Nunca más pisaré las tablas: fue el fin absoluto de mi carrera actoral.

4 comentarios:

Pulpo dijo...

Taio...
Deberías haber probado con actuarlo como la flor de El Principito!!!!!!!!!!!
Eso hubiera cambiado tu carrera y el enfoque con que encaraste el papel...
Hoy serías la Cate Blanchett Argentina

Taio dijo...

Mi Querido Pulpo: te imaginarás que a los 6/7/8 años no había leído El Principito y mucho menos tenía idea de quién era Cate Blanchett... lo único que se es que sobraban alumnos y faltaban personajes, y llegué tarde al reparto: la Seño Rosita consideró que yo "reee daba" con el perfil de rosa roja y ahí quedé... será por eso que hoy en día trato de olvidar tan mal momento ahogando mis recuerdos en "Margaritas" (Cuac!). Beso, ta luego!
Naty.

Pulpo dijo...

Al menos le valor o su capacidad histriónica (y de estómago) de acuerdo a la historia que relató en mi cátedra :D
Besos.

Taio dijo...

Pulpo: bueh... le valoro la valoración histriónica. Lo del estómago es un bonus track que me dió "La" Marta (o sea MI mamá)... tengo unos tremendos intestinos también, por si le interesa saber: tomo tereré con jugo de mandarina y no convulsiono de diarrea, pa' que vea y me envidie.
¿Dónde me inscribo para el examen?
Beso, ta lueeego...
Naty.