31 de mayo de 2007

Odios domésticos. Vaga lista de mambos (Parte I)

En el baño.
Odio profundamente…

-…darme cuenta de que no hay papel higiénico en el peor momento, que no hay nadie a quien pedírselo y tener que salir “pialada” por los pantalones en los tobillos a procurármelo.
-…que alguien abra canillas cuando estoy en la ducha y me haga cagar quemando o cagar de frío.
-…que se me caigan dentro inodoro cosas que no deberían estar ahí, como el cepillo de dientes, por ejemplo, objeto que irremediablemente debo desechar y comprar nuevamente.
-…que se caiga el jabón a la parte fría del piso de la ducha.
-…que por alguna extraña razón se moje el papel higiénico.
-…que las descripciones en las etiquetas de los productos varios sean tan cortas (¿qué leo cuando voy de raje y no alcanzo a manotear material de lectura?)
-…que se bañe gente antes que yo y cuando me toca pisar el felpudo a la salida de la ducha, esté empapado y frío.
-…que se corra la alfombra de goma del piso de la ducha.
-…a la gente que pega el resto del jabón viejo arriba del nuevo.
-…los pelos pegados en paredes/cerámicas/azulejos/cortina/jabón.
-…esa cosa viscosa que se le hace al jabón cuando queda en contacto con el agua mucho tiempo.
-…que los envases de los productos varios tengan el precio pegado.
-…los pelos ajenos enredados en el peine.
-…a la gente que lava en la ducha y cuelga sus medias y/o ropa interior de las canillas.
-…que nadie tuviera necesidades fisiológicas urgentes hasta que a mí se me antojó instalarme por un buen rato en el baño, ya sea a “leer”, depilarme, ducharme largamente, etc.
-… que cuando estoy en la ducha alguien golpee la puerta al grito de “¿puedo entrar?”, y cuando ingresa, también lo hace una brisita fresca que te congela hasta el tuétano.
-…las duchas que no tienen cortina de plástico y/o pared de contención, y se moja todo el piso del baño completo.
-…la gente que tiene una rejilla detrás del bidet para secar todo el baño después de ducharse.
-…que se empañe el espejo.
-…a la gente que usa esa especie de flor de naftalina perfumada colgando de un gancho de plástico para aromatizar su inodoro, y que se cae a la tercer o cuarta descarga de agua.
-…a la gente que dice “tirar la cadena”
-…a la gente que no limpia las “frenadas” en el interior del inodoro. Una cepilladita no mata a nadie.
-…a la gente que pone “cubrebidet” “portarrollos” “algodonera” “cubrecesto” y demás pelotudeces. Y mi odio aumenta proporcionalmente a la cantidad de puntillas y moños que tengan dichos elementos.
-…que el botiquín nunca alcance para almacenar todo lo que necesito almacenar porque siempre está colmado de pelotudeces vencidas almacenadas anteriormente.
-…que los hombres no levanten la tapa del inodoro al miccionar. (Que fina, dije miccionar en vez de mear).
-…no tener los inodoros chinos o japoneses que tienen un calefactor de tapa, así no se te enfría el culo cuando te sentás y no te desvelás cuando vas de madrugada y el frio te corta la inspiración para seguir durmiendo.

21 de mayo de 2007

La mejor parte de mi.

Hace ocho años merodea por mi vida un coso flaco, alto y peludo. Un coso con piel de angel, ojos de lagrimita, sonrisa pícara y aunténtica, llena de dientes grandotes y blancos, pecas invisibles en la nariz, cachetes de buñuelo.

Hace nueve años no eras más que un proyecto para algún momento no definido de mi vida, los 18 años no son una edad en la que uno planee tener un hijo, de hecho, a esa edad no se tiene la noción (bueno… hoy tampoco la tengo del todo, cada día que pasa aprendo algo nuevo) de lo que implica crear vida.
Empezaste a hacerme notar tu presencia una mañana de noviembre, tocando vaya uno a saber qué cosa dentro mío, y lisa y llanamente caí redonda víctima de un desmayo. Cuanta cosa pudiste hacer para que no me quedara ni una duda chiquitita de que estabas dentro mio la hiciste. Panza redonda que crecía todo el tiempo, una mañana me pateaste… y el universo dejó de existir. Eramos solamente vos en mi panza y yo. Tu hipo haciendo saltar mi ombligo. Tu cabeza haciendo un globo en el globo de mi barrigota.
Estrías… rayitas que me recuerdan que te hiciste de mi carne, de mi sangre, de mi ser, que creciste de y en mí. Tu corazón latiendo atolondradamente era sólo un circulito negro en la pantalla de un monitor que me dejaba entrever que realmente estabas ahí.
Tus manitos tocandome por dentro… hoy me toca por dentro toda tu pequeña persona.
El viernes 2 de un Julio frío y nublado le puso fin a nuestro concubinato, un minúsculo llanto de gruñido de gato me avisó que estábamos separados, pero infinitamente unidos.
Mi tendencia a olvidarme de los detalles hace que se me hayan escapado fechas, horas, colores, palabras, formas… pero en lo que me quede de vida no voy a poder olvidarme de tu primer mirada hijo… ojitos recién estrenados parpadeando confusos ante la nueva realidad…
La paz de tu sueño en mis brazos, la calma de tu llanto cuando te mecía, tan indefensamente chiquito, tan dulcemente poderoso.
Mi sueño tomó forma de vos, dejé de imaginarte sin cara y elegí llamarte Francisco.
Creciste Fran… todo el tiempo estás creciendo. Estamos creciendo juntos. Tu primer “mamá” me dejó totalmente fuera de combate… ¡a mi! ¿¿Cómo puede ser, con lo “dura” que soy?? Porque me podés de punta a punta… me pueden esos ojazos, ventanitas a tu alma que dejan ver (antes que lo digas) todo lo que te pasa por la mente y el corazón... Me puede esa trompa roja, mirada suplicante y manos rogando para obtener lo que querés a la voz de “po favó, po favó”… Me puede tu lengua de trapo, cuando aún hoy grita desde el baño pidiendo papel “henégico”, o cuando “eras chiquito” -como vos decís- y clamabas por “fideditos con queso” o “yaretitas dellenas”, y festejabas tus propios eructos con un “¡abóche!”.
Creciste Fran. Entre sonrojos y vergüenzas me contás de tus amores de recreo, y que cuando seas grande querés ser mago, o policía, o “doctor de la cabeza del lado de adentro” (tu definición de Psicólogo), como quiero ser yo. Te dan asco las Barbies y las princesas de Disney, y te burlás del dinosaurio Barney a la par mía (o yo a la tuya…) y miramos juntos a “Los Simpsons”.
Naciste sin prospecto Fran. Ni un mísero manual de instrucciones. Ni un papelito escrito a mano con alguna indicación. Nada. ¿¿Cómo se apaga esta cosa?? Aun no encuentro la manera de apagarte cuando hablás y hablás y hablás y hablás. Viniste “desconfigurado” de fábrica, se olvidaron de ponerte el botón del “si mami” y en cambio te pusieron todos de “no, después, esperá que… ¿por qué? ¡Ufa!”. Se me fue la mano con la energía, Dios, no parás un minuto. Ni uno solo. No, dormido tampoco…
Sería muy conveniente tener ese manual a mano, al menos para darle una ojeada… así sabría cómo enseñarte sin presionarte, cómo cuidarte sin sobreprotegerte, cómo darte libertad sin exagerar, cómo darme cuenta para qué cosas estás grande y para cuales no, cómo entender que llores porque atropellan un perro “de mentira” en una película, cómo saber hasta donde debo dejar que te lastimes y donde pararte… Tal vez en algún capítulo exista una explicación sobre cómo proceder cuando estoy muy cansada para charlar con vos antes de dormir, cómo contener las lágrimas cuando no tenés que verme llorar, cómo decirte que tuve un mal día y que no es con vos la cosa, pero que la ligás “de rebote” aunque no quiera, cómo apartarte de mí sin lastimarte cuando no estoy para mimos…
Me da pavor tener la certeza de que me voy a equivocar miles de veces en este camino de formarte.
Rezongo y me quejo… pero en el fondo estoy orgullosa de que seas “cabeza dura” como yo, que no te dejes vencer y convencer fácilmente, que la pelees para conseguir lo que querés, que te hayas dado cuenta tan tempranamente de que con una sonrisa lográs más que con escenitas caprichosas.
Estoy orgullosa de que tengas mis gestos, mis contestaciones, mis “salidas”, que seas tan extrovertido y sociable, que tengas tan buenos sentimientos, que seas tan inteligente y desfachatado. Me mata tu lógica implacable y tu inocencia a prueba de realidad, tu dulzura infinita, tu capacidad de pedir perdón cuando te equivocás, tu consideración de preguntarme cada noche cómo me fue en el trabajo…
Me derriten tus masajes (porque sos mi “masajisto” personal), tus canciones en tu propio inglés, tus palabras difíciles que nunca sé de donde sacás, y las usás donde y cuando corresponden.
Creciste Fran. Y yo me vuelvo una nena cuando me hacés preguntas que me descarrilan. Y cuando tengo que decirte cosas que no quiero, y cuando tengo que decirte mentiritas para que no te duelan las verdades. Y cuando no sé qué contestarte. Y cuando no puedo disimular alguna tristeza y me abrazás y se te quiebra la voz consolándome. Y cuando me contás cuentitos de animales varios que se tiran pedos y están llenos de asquerosidades con pus y mocos. Y cuando lloramos de risa viendo “Alf”.
Creciste hijo, y seguís y seguís… y cuando mas o menos estoy encontrando un nuevo modo de manejarnos y aprendernos, pegás otro estirón… y me fusilás con un “¡ay, mamá! ¡Yo no miro / como / uso / tomo / mas eso! ¡Eso es para
nenes chiquitos!”
Y el prospecto no aparece…
Tengo una manera muy personal de quererte Fran. Por alguna parte circula una frase que dice “Que alguien no te ame como vos quisieras, no significa que no te ame con todo su ser”. A mi se me perdió en alguna parte del camino el librito que me enseñaba cómo quererte, y aunque me acuerdo de algunas cosas, otras se me escapan, como el hecho de que aunque lo sepas, necesitás que te diga muchas veces cuánto te amo, o cuánto te necesito, o lo importante que sos para mi… me olvido de que a pesar de que no parás de crecer, aun no llegaste a esa edad en la que uno se da cuenta de que no sólo con besos se demuestra amor, y me olvido…
Y estoy segura de que nos va a pasar muchas veces.
Vos vas a necesitar mi afecto en besos y yo voy a estar muy ocupada dándotelo en cocinarte comida que te guste y te nutra. Yo voy a necesitar de tu consideración en silencio y vos vas a estar ocupado en dármela preguntándome qué me pasa…
Son cosas que pasan cuando uno pierde las cosas.
Nunca te olvides Fran, de que sos mi cable a Tierra. Sos quien me hizo bajar a la realidad. Sos quien me hace valorar cosas que a veces se me pasan por alto. Sos la razón del sacrificio actual y del que está por venir, y sé que algún día lo vas a entender.
Creciste, y te veo tan maravillosamente chiquito, tan puro, tan real… que al final, capaz, finalmente, por ahí, después de todo, tal vez, en una de esas, el manual no era taaaan necesario… ¿no?

Pecados capitales: definición y deformación.

(A fin de no herir susceptibilidades devotas, invito a los presentes a no calentarse que la cosa viene de joda)

La Soberbia: sinónimos de este horrendo pecado son el orgullo, la altivez, la altanería, la arrogancia, la jactancia, la petulancia, entre otros. Yo no digo que esté bien ser soberbio, pero ¿quién dice que está mal? ¿Qué tiene de malo que me la crea? ¿Y si no es solo creérmela, sino que me agrando con algo que es verdad? Pongamos por caso que tengo una linda sonrisa, o un buen culo, o una personalidad agradable, o mucho sentido del humor. En este caso considero que son todas verdades. Eso no es soberbia: es realismo. Pensar, creer y/o sostener que tengo un culo divino y DECIR lo contrario, es falsa modestia. Tengo la humildad suficiente como para no decir que mi culo es el mejor, o mi sonrisa la mas luminosa… y aunque dijera que lo mio es “mas que”… queda en manos de quien escucha lo que digo o lee lo que escribo, y de cómo se lo tome. Las opciones son varias: puede opinar que me la creo, que le molesta escucharme (siempre está la opción de no escuchar o no leer, todavía no me compré una 9 mm para obligar a nadie, aunque creo que mi manopla de hierro resulta intimidante), puede darme la razón o no, decir que mi culo es horrible… pero no dejan de ser puntos de vista. No hay verdades absolutas. Por ende, no hay quién tenga el poder suficiente sobre mí para venir a querer convencerme de que no soy la ma´grossa en algo, aunque esté equivocada. Yo decido. ¿Quién tiene autoridad sobre mis gustos o mis puntos de vista para decirme qué está mal?
Y si: mi culo está buenísimo.

La Avaricia: son sus sinónimos la tacañería, la miseria, la sordidez, el egoísmo, la ruindad, la mezquindad, la codicia entre otras variantes semejantes igualmente desagradables. Vuelvo a cuestionar: ¿quién dice que está mal? Que alguien me explique por qué no puedo no querer dar algo de lo que es MIO… sacando cuentas trabajo 9 horas diarias, lo que significan 63 horas semanales, lo que suman 252 horas mensuales, o sea 3024 putísimas horas anuales que dedico a vender mi tiempo demasiado barato. Después de vender tiempo=trabajo x dinero, aguantar las pelotudeces de ciertas personas, tolerar que se caguen en mi por un sueldo de bosta, me encantaría ver quién es el/la guapo/pa que se anima a decirme cuánto debo gastar en mi y cuánto debo darle generosamente a alguien o algo….
Y así, encabronadísima como estoy, paso sin mas a…

La Ira: la frase popular dice “No calentarum, largum vivirum” (viene del latín: si-te-calentás-muy-seguido-te-vas-a-morir-a-los-41-años-de-un-ataque-de-presión-macho). Furia, furor, rabia, cólera, irritación, arrebato, saña, calentura, ataque de orto, como se le quiera llamar. A esta altura de mi vida, si no me hubiera convertido en una fiel réplica del demonio de Tasmania tantas veces, habría estallado dejando a mi alrededor solo devastación, y cagate de risa de los famosos hongos nucleares. Después de todo, ¿los analistas no sostienen que “no hay que reprimir la ira”? (¿O era al revés?) ¿¿¿Cómo hace uno para no sucumbir a una colosal calentura cuando, por ejemplo, perdés guita, o alguien te rompe vigorosamente las pelotas, o algún vecino no te deja dormir después de haber tenido un dia de mierda, o notar que recién estás a 21 del mes y ya tu billetera está convulsionando de anorexia???
Dicen por ahí que mas vale perder un amigo y no que se te reviente una tripa (refiriéndose al inocente acto de tirarse un pedito). Yo digo: mas vale perder un trabajo, un amigo, un novio, un amante, lo que fuere, antes que se me revienten la yugular, la carótida, la aorta, la femoral y todos los vasos sanguíneos de mi cerebro produciendo un derrame que me dejaría en estado vegetativo (estado en el cual mucha gente perversa podría aprovechar para tocar mi fastuoso culo, mis pocos pero merecidos bienes, o sencillamente vengarse de mi por ser tan cabrona).

La Pereza: este es uno de mis favoritos. Domingo. 8 de la matina. Te despertás por la perra costumbre de levantarte todos los días a la misma hora. Junás el reloj con un solo ojo medio pegado y ves que es temprano. Te das cuenta de que, efectivamente, es domingo… aprendés arameo antiguo nada más que para poder putear en un idioma nuevo, e instantáneamente te das cuenta de que podés seguir torrando. Deberías levantarte a… no se, a cortar el pasto, a lavar el auto o la ropa, a prepararte para ir a visitar parientes… pero ¡no! En un arranque de flojera te rascás un poco los genitales, un poco el culo, acomodás frazadas y demás trapos, pegás media vuelta y a seguir durmiendo y que se vaya todo a cagar… ¿¿¿¿a ver quién, QUIEN!!! no hizo esto alguna vez???? El que esté libre de este pecado, que arroje el primer despertadorazo…

La Envidia: no hay modo de no caer en este… y que nadie me venga con la envidia sana, eso es chamuyo. Celos, fruición, desazón, rivalidad… que sentimientos de mierda, verdaderamente. Mas que nada porque uno se siente pobre, o poca cosa, o menos, o todo eso junto entre otras cosas… aunque me he esmerado, no encuentro la manera de evitar envidiar las gambas de Dolores Barreiro, o la guita de Bill Gates, o la voz de Celine Dion, o... Uno siempre envidia, el tema está en cuánto te emponzoñe la historia… que el novio de tu amiga sea la dulzura y la caballerosidad personificadas, y el tuyo sea un Homo erectus (si, siempre anda “erectus”, y es de los que cada vez que detenés tu marcha por mas de 10 segundos, se frota contra vos como un perro) (es lo que usualmente llamaría un pajero a cuerda, pero estoy tratando de moderar mi vocabulario) que nunca nota que te cambiaste el peinado, se deja una uña larga para poder sacarse el asado que le quedó “entre lo diente”, se toca las axilas y se huele… ¿cómo no envidiar a tu (perra suertuda mal parida) amiga y a su dulce novio y a su perfecta relación libre de pedos y eructos? Si empezás a vomitar bilis, ESO es envidia… o “El exorcista”.

La Gula: siempre pensé que cuando a alguien se le ocurrió conceptuar a la gula como un pecado, aun no se habían descubierto que existían cosas como la sal, las especias, el dulce de leche, el chocolate… algunos sinónimos de gula son glotonería, voracidad, tragonería, avidez, apetito, ansia… ¿qué hay de malo en esto? ¿Qué es lo pecaminoso de fagocitarse sin parpadear una pizza de jamón y morrones o una soberana calabresa con muzza chorreante de aceite tibio? ¿Qué daño puede hacerle (sólo a las arterias, pero un poquito de grasita pegada no hace daño… ¿qué es un infarto al miocardio comparado con el aceitito en la boca?) a alguien comerse entero un postre “Balcarce”, o un flan casero lleno de agujeritos con dos feroces copos de crema chantillí o dulceleche? ¿Y si todo esto lo morfás víctima de un ataque de depresión, o estrés, o ansiedad? ¿Son atenuantes? ¿En vez del infierno te toca el purgatorio?
Voy a hacer un “parate” en este momento, antes de terminar con la gula y empezar con (mi preferido)
La Lujuria… por la simple razón de que considero que van hermanados. No hay nada como comer lujuriosamente o hacer el amor glotonamente… Quien lo hizo lo sabe, y quien no lo hizo deje de perder tiempo leyendo y póngalo en práctica. La ecuación es muy simple: si comer -por ejemplo, helado- me da placer, y la piel de mi pareja me da placer, ¿por qué no matar dos pájaros de un tiro y le ungimos la epidermis con cremita dulce, suave y untuosa, y nos damos una panzada de sexo y comida al mejor estilo Imperio Romano? Traducido matemáticamente: helado+piel+lujuria+picardía+gula=guauuuu!!!! (Ojo con lo que se embadurna, si es chimichurri, por ejemplo, hay que tener la precaución de fijarse por donde se aplica… o pasamos de sexy a emergency).
Sinónimos de lujuria: deseo exaltado, apetito sexual, líbido borboteante, calentura, me estoy por ahogar, bombón cuando te agarre te juro que te parto en ocho, entre otros.
Nunca voy a entender por qué se considera pecaminosa a la lujuria. Jamás. Simplemente no lo entiendo. Se supone que está calificada como pecado por los mismos que afirman que fuimos creados por un ser superior. Es decir, el mismo ser superior que –en teoría- nos dotó de partes físicas cuya UNICA función es la del placer… Si estamos hechos con un cuerpo tan perfecto, una máquina tan perfectamente creada, y encima tiene botoncitos disparadores de ratones y demás animalejos… ¿qué hay de malo en hacer uso y abuso de ellos? ¿Qué hay de malo en ser lujurioso? ¿Qué hay de malo en el placer? Placer de comer cosas que hacen poner los ojos en blanco al grito de “mmmmm!!!”, placer de tener una (o miles, mejor) fenomenal sesión de sexo, placer de dormir, placer de descargar mi frustración o “la mochila” de un mal día en un ataque de calentura y gritos o mal humor…


Incluyo en este breve defenestramiento de los 7 pecados capitales, mi propia lista, lo que a mi entender son pecados que merecen ser considerados como tal.

La injusticia.
La indigencia.
La frialdad.
La ignorancia.
La desnutrición infantil.
La hipocresía.
La ausencia de valores, ética, moral.
La intolerancia.
El auto-engaño.
La indolencia hacia todo lo anterior...


Dejémonos de joder. YA estamos en el infierno.

14 de mayo de 2007

Me gusta ser mujer

Quien haya dicho que la belleza cuesta, tiene mi más absoluta y retorcida admiración.
No hay mujer, por “poco femenina” que sea, que no padezca la belleza… no hablo de la belleza que una tiene innata (alguien dijo alguna vez que no hay mujeres feas, sólo belleza rara), sino de la que hay que mantener o alimentar (o crear, en casos menos afortunados).
Muchas veces me pregunté si cuando “Nacha” Guevara dijo su tan célebre frase “Me gusta ser mujer” estaría en pleno uso de sus facultades mentales (de ser así, cuestionaría dichas facultades), o si tal vez estaría siendo presa de alguna sustancia alucinógena de consumo prohibido (en ese caso, quiero el teléfono de su proveedor).
A ver, empiezo por el principio (¿por dónde sino?)
Asumo que la mayoría de las mujeres han tenido alguna vez -al menos una - “cita” con un señor que les importaba con ganas. Prepararse para el “gran encuentro gran”… no hay hombre sobre la Tierra que sepa de verdad lo que eso implica para una mujer… los cosquilleos estomacales son solo el inicio de una serie de sensaciones físico/digestivas de las muchas que se sucederán ese día (el de la cita, digo).
Esta suerte de maratón embellecedor da campana de largada con la depilación: es el primer paso, para que llegada la hora del encuentro hayan desaparecido las marcas coloradas en la piel, claro. Se procede a poner a “Baño de-la-nunca-bien-ponderada María” una latita que en otra vida mas feliz portaba arvejas o tomates, y ahora contiene cera. La cera puede ser de color verde (vegetal) rosa (de rosa mosqueta) amarilla (de miel) negra (de vaya una a saber qué), pero todas tienen un punto en común: dolor. Le doy la razón a los hombres que dicen que las mujeres estamos todas locas… Si no es con locura, ¿de qué otra manera se puede explicar que nos untemos en cejas, bigotes, axilas, cavado, cola y piernas un potaje caliente y pringoso, de dudoso buen olor y sospechoso aspecto, esperemos pacientemente unos minutos mientras quema hasta el espíritu, y después arranquemos (en sentido contrario al crecimiento del vello) todos los pelos de raíz, sin clemencia ni remordimiento? Y encima siempre queda uno subversivo que hay que sacar con la “pincita”… otro artefacto de tortura digno de la Inquisición. Luego de ese cavernícola proceso, cualquiera estaría más que satisfecho… cualquiera que no tenga ovarios, por supuesto.
Encremadas hasta las córneas para desinflamar la piel, el siguiente foco de tortura se centraliza en las uñas. A la vez que se remojan los pies en agua tibia para ablandar durezas, con el pulgar de la mano derecha sacamos el esmalte añejo de la mano izquierda y viceversa; se cortan, liman y emparejan uñas, se raspan pieles muertas, callos, “ojos de gallo” y durezas, se cortan cutículas y… y ya me dio impresión semejante carnicería.
Mientras tanto, no olvidarse del gran protagonista: con ustedes, Su Majestad El Cabello. Munidas de incandescentes planchas y tijeras bucleadoras, se procede a cambiar el estado natural del pelo, siempre deseando lo que natura no proveyó (y que si hubiera proveído generosamente querríamos tener lo opuesto). Baños de crema, ceras capilares, aceites anti-frizz, cremas para peinar, ampollas con elixires mágicos componen el séquito real… y así y todo una simple y llana llovizna o un modesto porcentaje de humedad son capaces de tirar horas y horas de dedicada labor al tacho, así que como no hay garantías de nada, todo el trabajo se hace confiando en que el Todopoderoso de turno estará de nuestro lado.
La invención de las cremas es a la mujer, lo que el invento de la rueda es a la humanidad toda. Mediante infinitos potes de formas y colores accedemos al mundo de las cremas anti-todo: anti-edad, anti-arrugas, anti-celulitis, anti-estrías, anti-flaccidez, anti-pesadezenlaspiernas, anti-adiposidades, anti-estrés, anti… por borrar (o al menos intentarlo) una marca natural de la cara o el cuerpo, como por ejemplo, una patita de gallo, las mujeres somos capaces de embadurnarnos la cara con cosas tan repulsivas como la baba de caracol (no puedo quitarme de la mente la imagen de un caracol escupiendo), la placenta de una tortuga, el cartílago de una ballena, la próstata de un quirquincho… todo sea por ponerse una tanga y que lo mas notorio sea el contenido, y no las estrías (que dicho sea de paso: ¿a quién le importan?).
Cuando la absorción de todas las cremas utilizadas finalmente se produjo (jamás intenten meterse en la ropa con la crema recién puesta, no solo es incómodo: es imposible), la elección del vestuario juega un rol fundamental. Encontrar un corpiño que sea lindo, cómodo, sexy, con arco, con push-up, con relleno, con breteles transparentes, que no pique, que se prenda/desprenda fácil, que haga juego con la tanga y con el resto de la ropa no es algo que una pueda tomarse a la ligera. Debería haber una cátedra universitaria al respecto, o al menos una materia en el secundario que le enseñe a una cómo se logra dar con semejante prenda. Pero no. Nos enseñan cosas tan encantadoras como la germinación del poroto… pero de ninguna manera tiene relación con las gomas. Puede haber cierta conexión entre hacer crecer algo… pero ese sería otro tema.
Previa prueba de placard completo y todas las posibles (e imposibles) combinaciones, se hace la elección del atuendo más favorable para tan especial ocasión, y una creería que ya está, que lo peor ya pasó… y abrimos el porta cosméticos frente al espejo del baño. Dios.
Ese momento tan mágico en que una se siente… en una especie de trinchera cosmetológica. La piel debe estar limpia y seca (limpia en cuanto a limpieza de cutis, es decir exfoliaciones, astringentes, tónicos y demás aberraciones, no limpia con agua y jabón: sería demasiado simple), y el primer paso es el corrector. Los hay en verde, rosa y amarillo, para los distintos colores de marcas y/o manchas. Luego el corrector de ojeras (si, ese va aparte). Todo eso se tapa con una base que, (no podía ser de otra manera) tiene toda una cuestión alrededor: primero que nada, debe ser lo mas parecida posible al color de la piel. Libre de aceite, si tenés la piel grasa. Humectante si tenés la piel seca. Cualquiera si tenés la piel normal. Efecto lifting milagroso, si tenés la piel de Moria o Mirtha. Básicamente todas cumplen la misma función, que es unificar (tapar) no solo la piel, sino también todo el engrudo que se puso previamente. Acto seguido se cubre el rostro con polvo compacto o volátil, se sombrean los párpados con una sombra oscura (para marcar la profundidad), una clara del mismo tono (para unificar y dar luminosidad), el delineador (para intensificar la mirada), la máscara de pestañas (para lo mismo), delineador blanco dentro del ojo (para agrandarlo), delineador de labios (para definirlos), labial (para darles color), brillo (para darles… brillo), rubor (para dar marco al rostro), unas gotas de perfume… y uno pensaría que una persona que se pone todo eso, cuando asome a la calle será reclutada por la primer murga barrial que la viera, pero no… porque toda esta suerte de artilugios pictóricos, se hacen con la total intención de que el maquillaje sea natural.
Ya al borde de suicidarse ahorcándose con la correa de la cartera, una se sube a la silla, de ahí a la mesa, y de ahí a las botas/sandalias/zapatos/etc. de taco, que depende de la moda es más o menos martirizador: plataformas, taco chino, chatitas, taco aguja, taco oblea, stilettos, taco chupete… sinfín de formas para un mismo dolor en los gemelos que ni un futbolista en su época de entrenamiento mas arduo debe soportar.
Finalmente… se acerca la hora. Se hacen infinitas comprobaciones frente al espejo: gomas paradas, buena postura, ningún pelo rebelde ni granos sorpresivos a la vista, el cabello que sería la envidia del Rey León, el maquillaje perfecto, ropa impecable… y llega EL. Con la mejor cara de “me-tomó-diez-minutos-prepararme-para-salir-con-vos” nos aparecemos en su presencia, y con mucha suerte se obtiene un comentario aprobatorio del tipo “¡qué linda estás!”, lo que hace que tanto esfuerzo haya valido la pena… ¿o no?

Digo yo: ¿de verdad hace falta TANTO esfuerzo para agradarle a alguien? ¿O todo el martirio es para tapar las propias inseguridades? ¿Alguien conoce algún caso en el que un hombre haya dicho “qué lindo tenés el cutis hoy, princesa! ¡A que te tonificaste con agua de camomila!”…?
En lugar de “Me gusta ser mujer”, yo preferiría decir algo como “me gusta ser quien soy, y me gusta que te guste mi ser y mi manera de ser”.
La cola y gomas se caen, a todos se nos aflojan las cachas, a todos se nos ablanda el músculo que está debajo de los bíceps, la celulitis siempre tiene ventaja, las estrías no se borran con nada ni se previenen con nada, el pelo con el tiempo pierde suavidad y se encanece, la cara se arruga, todo la juventud empieza a irse por los caños desde el mismísimo momento de nacer. La vida es cruel en ese sentido, nos deja probar el sabor de la juventud e instantánea e inevitablemente, comienza a llevársela.
Mi pregunta es: ¿¿¿y???
¿Vale la pena cultivar tanto la apariencia externa? ¿Vale la pena poner tanto empeño en parecerse a los modelos de las revistas?
El día que mi persona deje de pulular por este mundo, quisiera que me recuerden por qué fui, quién fui, qué di de bueno (o de malo, al menos para servir de mal ejemplo)…
La próxima vez que te prepares para un encuentro con un príncipe que sea azul y no destiña, depilate los prejuicios, encremate los rencores, maquillate los odios, ponele un push-up al optimismo, limpiale el cutis a los tabúes arrastrados sin saber por qué desde tiempos inmemoriales, hacele bucles a la diversión y al sentido del ridículo, llená de rimel la humildad, delineate la inteligencia…
Que no tus sueños no necesiten crema anti-flaccidez, que tu niño/ña interior no envejezca, que no se llene de adiposidades tu cultura, que no se estríe tu sonrisa, que tu verdadero "yo" no se arrugue, que tus ideales no se llenen de canas, que no se tape de perfume tu esencia, no maquilles tu sonrisa, no te subas a los tacos de la soberbia…
Que tu próxima frase sea “Me gusta ser… yo”.